Interfaces cotidianas: la casa inteligente, en un toque

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Uno de los retos que plantea la proliferación de objetos inteligentes en nuestro entorno cotidiano es el desarrollo de una interfaz práctica y sencilla que facilite su uso sin obligar al usuario a consultar constantemente las pantallas de una multitud de dispositivos. Actualmente, la mayoría de los fabricantes han desarrollado apps mediante las cuales se pueden configurar las opciones y el funcionamiento de su producto, ya sea una bombilla programable, climatizador, alarma o máquina de café. Estos aparatos prometen convertir nuestro hogar en una casa inteligente, siempre que tengamos una buena red wifi instalada y un smartphone o tablet siempre a mano. Ciertamente, la mayoría de las personas han adoptado el smartphone como una extensión de su cuerpo y lo llevan a todas partes, lo que hace de este dispositivo un “control-remoto-para-todo” aparentemente ideal, gracias a la facilidad con la que puede incorporar nuevas funciones mediante apps. No obstante, controlar los objetos inteligentes del hogar requiere tener el smartphone en la mano, seleccionar la app correspondiente e interactuar con ella. Esto supone interactuar con diferentes interfaces a diario por medio de un mismo dispositivo, lo cual no siempre es práctico, tanto por el gasto de batería y espacio en el disco duro del smartphone como por lo poco intuitivo que es tener que abrir una app para encender o apagar una bombilla, ajustar la temperatura o encender la máquina de café.

Como hemos comentado en un post anterior, la tendencia hacia la eliminación de las interfaces en pantallas (Zero UI) tiene en el entorno doméstico su ámbito de experimentación con el desarrollo de nuevos productos que buscan facilitar una interacción más intuitiva. Un ejemplo de ello son los asistentes personales Amazon Echo y Google Homeque hemos analizado anteriormente, cuyas funciones se activan por medio de comandos de voz. Estos dispositivos procuran liberar al usuario de la pantalla de su smartphone y facilitarle una manera de interactuar con los objetos inteligentes aparentemente sencilla. A estos productos se suma ahora Knocki, un sensor que permite convertir cualquier superficie en una interfaz táctil. Lanzado en una campaña de crowdfunding en Kickstarter durante el mes de mayo, el dispositivo ha generado un enorme interés y el apoyo de 8.897 patrocinadores que contribuyeron 1.144.399 $ (superando con creces los 35.000 $ de la meta inicial) para su producción.  El diseñador Jake Boshernitzan y el inversor Ohad Nezer pusieron en marcha este proyecto en 2015 con el desarrollo de una tecnología patentada para reconocer las vibraciones que se producen en cualquier superficie cuando es golpeada, incluso cuando se trata de unos leves toques con los dedos en una pared. Según afirman en la presentación del producto, Knocki está pensado para adherirse a cualquier superficie (una pared, una mesa, una puerta, etc.), detectar los golpes o toques y diferenciar entre un toque intencional y el ocasional contacto de un objeto, por ejemplo al posar una taza sobre una mesa.

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Gracias a esta tecnología, Knocki puede colocarse, por ejemplo, en una pared o bajo una mesa y convertir estas superficies en interfaces táctiles: golpear una, dos o tres veces puede activar una bombilla o poner en marcha la máquina de café. Para ello es preciso, por supuesto, emplear previamente el smartphone: una app de Knocki se encarga de conectar el dispositivo con los objetos inteligentes empleando la red wifi del hogar. La clave consiste en llevar a cabo esta configuración una vez, de manera que las preferencias queden registradas y sólo sea preciso memorizar qué combinación de golpes es necesaria para activar una determinada función. El sensor puede colocarse a la vista (su aspecto minimalista, en blanco o negro, tiene por objetivo integrarse con cualquier tipo de decoración) o bien esconderse debajo de la mesa o detrás de una puerta. Dado que la interacción no se produce directamente con el dispositivo, sino con la superficie, y Knocki promete hacer interactiva una superficie bastante grande, no es preciso un mantenimiento constante del aparato, que puede funcionar hasta 12 meses con tres pilas AAA.

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Knocki puede interactuar actualmente con una gran variedad de apps de objetos inteligentes (como el termostato Nest, las bombillas conectadas de Philips y enchufes programables como los de WeMo o D-Link), redes sociales (Facebook, Twitter) y otros servicios (Google Calendar y Gmail). También puede integrarse con el servicio de automatización de acciones IFTTT, de manera que puede ampliar su alcance más allá de la interacción directa con un único objeto a través de un toque en una superficie. Así, este dispositivo puede ser un efectivo enlace entre todos los objetos inteligentes del hogar, que en principio pasan a ser controlados con unos golpecitos en la mesa o en la pared. Los creadores de Knocki describen escenarios tales como activar la cafetera con unos toques en la mesilla de noche o encargar una pizza con unos golpes sobre la mesa del comedor.

Ciertamente la idea de poder controlar los diferentes objetos de la casa con un simple gesto es atractiva, pero ¿qué ventajas reales aporta esta tecnología? Cabe tener en cuenta que es preciso un dispositivo Knocki para cada superficie que se quiera activar, lo cual implica distribuir una serie de aparatos en diferentes puntos de la casa, y además hay que recordar qué combinación de toques activa cada acción previamente programada en la superficie correspondiente. Por supuesto, es posible coger el smartphone y consultar la app para recordar la configuración de cada aparato, pero entonces este último deja de tener sentido. También, en el caso de ciertas acciones (como por ejemplo, encargar una pizza) es preciso generar una respuesta que confirme su ejecución, puesto que en caso contrario se da lugar a una confusión o posible frustración al no saber el usuario si la orden que ha dado por medio de los toques se está llevando a cabo. Nuevamente, es posible recurrir al smartphone como interfaz en la que se muestra dicha confirmación, pero también en este caso cabe plantearse si no se podía realizar toda la acción directamente en el dispositivo con pantalla.

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Notablemente, los creadores de Knocki dan valor a su producto destacando los problemas que pueden generar otras tecnologías rivales. En relación a los dispositivos controlados por voz, como Amazon Echo y Google Home, señalan los siguientes defectos:

  • El sonido ambiente puede hacer que el control por voz sea ineficiente.
  • Tener que pronunciar comandos en voz alta puede molestar a otras personas en la habitación, particularmente en una oficina compartida o en el dormitorio.
  • A menudo confunde los comandos, debido a las limitaciones de la tecnología de reconocimiento de voz.
  • No se pueden usar varios controladores de voz en un mismo espacio, puesto que eso genera confusiones y conflictos entre los aparatos.

Respecto a otros dispositivos tales como botones personalizables, que en principio llevan a cabo las mismas tareas que Knocki, apuntan estos problemas:

  • No se integran con el entorno, puesto que no pueden esconderse sino que deben estar siempre visibles y a mano.
  • Deben estar a mano, de manera que plantean el mismo problema que cualquier interruptor en cuanto se encuentran en un lugar concreto al que hay que acercarse para apretar el botón.
  • Pueden fallar debido a que normalmente emplean la conexión Bluetooth en lugar de la red wifi.
  • Sólo pueden ejecutar una acción, en la mayoría de los casos, o una reducida serie de acciones por medio de diferentes maneras de pulsar el botón.

Knocki promete resolver estos problemas con una tecnología que, en principio, resulta menos invasiva que el control por voz y más efectiva que los botones programables. Con todo, como se ha apuntado antes, uno de los problemas principales que plantea este tipo de interfaz es la falta de feedback: mientras un dispositivo de control por voz puede emitir una respuesta sonora y un botón físico cambia su disposición o emite un “click” al ser presionado, no hay manera de saber si al tocar tres veces en la mesilla de noche (¿o eran dos?) efectivamente se ha puesto en marcha la máquina de café.

Las soluciones que propone Knocki, tanto como las de otros dispositivos, son cuestionables en cuanto sustituyen unas tareas por otras: en vez de apretar el botón de la cafetera, hay que recordar cuantos toques y en qué superficie activan dicho electrodoméstico; en lugar de consultar un dato en un smartphone o tablet, hay que aprender a pronunciar la pregunta de manera que el asistente la entienda y luego prestar atención a su respuesta hablada. Con todo, como ya señalan los creadores de Knocki, estas tecnologías pueden ser de gran ayuda a personas mayores o con movilidad reducida, particularmente en cuanto eliminan la necesidad de acercarse a un interruptor para activarlo o el uso de pantallas.